Último capítulo

miércoles, 23 de mayo de 2018

PRETENSIONES AMISTOSAS

Lo habían cogido justo en el momento en el que se disponía a marcharse. Se había sorprendido bastante por aquella detención disfrazada de pretensiones amistosas pero en el fondo de sus tripas reconocía cuando a uno lo privaban de su libertad. Lo único que le rezaba a Dios es que lo soltaran cuanto antes. Lo llevaron directamente junto al rey y lo sentaron como otro rey más. Aquel gesto le desagradó profundamente pero no hizo maneras para demostrarlo. Se quedó tumbado al yugo del sol que brillaba en lo alto como un asesino a las tres de la tarde y con el recorrido de las horas se convertía como un ser bipolar, en un sol más amable y naranja. Los empleados se acercaban hasta él y le llevaban  de comer. Él comía todo cuanto se le presentaba, sin desperdiciar ni un solo pensamiento en aquellas señas de buenos hospitalarios. Pero el ambiente entre todos estaba tan podrido y era el peor  cáncer jamás visto. Todos sabían que lo estaban cebando para hacer luego con él huevos fritos.  Sus hijas que lo miraban desde lejos conocían la magnitud de la maldad de aquel hombre que lo acompañaba diciéndose ser rey y lo trataba con una falsa hospitalidad, solo deseaban que lo soltaran porque aunque estaba ahí espatarado como un rey, junto al rey, era prisionero. Un empleado robusto y con la cabeza más grante que una sandía, se acercó a él, lo levantó cogiéndolo del brazo  pero como se cogía a los prisioneros a los que se trataba bien. Hicieron el recorrido desde el interior del enorme palacio hasta la cocina, alborotada, apestada de un ruido que enfermaba hasta el alma. Lo pusieron frente a una enorme mesa que se extendía de cabo a rabo, otro empleado apareció por detrás con un cuchillo que más bien parecía un machete de degollar animales. Lo decapitó, la cabeza rodó por la cocina de una forma miserable,  inclinaron el cuerpo decapitado para que la sangre que salía de su cuello como una tremenda catarata cayera directamente en un cubo grande y sucio. Desnudaron el cuerpo, lo lavaron, lo quitaron hasta el ultimo pelo como hacían con todos los animales puercos que guisaban, lo llevaron hasta una enorme máquina trituradora y ahí lo tiraron, donde tiraban a las vacas vivas para hacerlas papilla y luego convertirlas en carne para dar de comer. A él sin pesar toda la carne que salió lo hicieron hamburguesitas y lo comieron acompañados de huevitos fritos durante días. Todos los empleados degustaban la hamburguesita y sabían de dónde provenía la carne con una maldad asentada en sus corazones heredadas desde  generaciones pero que en el fondo todo solo era costumbre, detener a un hombre por delito menor, cebarlo y luego comérselo como nosotros detenemos cebamos y comemos animales sin ningún remordimiento de qué serán de sus crías.

-Mila Rondo.

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