Último capítulo

martes, 15 de noviembre de 2016

EL ADIVINO

Me perdí en el hilo de la historia que poco a poco me iba pareciendo absurda, otros pensamientos empezaron a invadir mi mente por completo y no dejaba de pensar en que nada más deseaba en aquél momento que desnudarme con él, porque de repente como un ser que contempla el nacimiento del sol en cada amanecer, me di cuenta de que le amaba desesperadamente. Así sin más, me dije a mí misma por dentro. Y mientras le miraba como un ser único en el universo porque era el único ser en el universo al que yo amaba con aquella potencia, yo deseaba que él lo notara, que lo leyera en cada suspiro, y era una cursilada tan grande que era imposible que se diera cuenta y entonces sin saber por qué me frustré como si él estuviera obligado a ser adivino, no lo era pero aun así estaba cabreada. Sí.
         -Mía –me dijo.
         Le miré aturdida pero no dije nada, porque sentía que seguía cabreada porque yo le amaba y él no era adivino.
         Me volví y empecé a caminar en dirección contraria.
         -¡Mía! –gritó, me estaba siguiendo pero no hice caso, me alcanzó y me cogió del brazo, le zarandeé para que me soltara, lo conseguí y seguí caminando. Volvió a alcanzarme y me paró en seco- ¿Qué pasa? -quiso tocarme pero le empujé. Aquello fue sin querer, lo prometo, fue un impulso de seguir estando cabreada.
        -Eres un idiota –le solté, y casi me arrepentí porque nunca le había hablado así pero luego recordé que no era adivino.
      Arqueó las cejas sorprendido, cosa que era de esperar por nuestra estupenda relación hasta el momento.
         -Y tú estás actuando como una gilipollas –me cogió del brazo y cuando quise zarandear de nuevo para que me soltara no pude, le empujé pero no conseguí que me soltara- Dime qué te pasa –me exigió.
         -No –decidí.
         Me atrajo hacia él con fuerza cuando quise apartarme.
         -Dímelo Mía.
     -¡No! ¡No! ¡No! –repetí mientras hacía todos los esfuerzos inútiles por zafarme.
         -Te juro por Dios que no te soltaré, dime qué te pasa.
         Silencio por parte de los dos.
         -Me he enamorado de ti.
         Silencio por parte de los dos.
    -Fuertes declaraciones –dijo llenando el silencio como si toda mi incoherencia hubiera quedado redimida. Me zafé cuando vi que no me cogía con tanta fuerza, me volví y me puse a caminar, entonces como si volviéramos a empezar quiso cogerme otra vez del brazo pero me zafé y me tropecé torpemente con mis propios pies, y me di cuenta de que estaba temblando de los pies a la cabeza.
         -Da igual, olvídalo –quise seguir caminando.
        -¡Para! –gritó.
         Me detuve y le miré.
       -¿Por qué a veces eres jodidamente difícil? Conviertes la cosa más sencilla en un puto rompecabezas.
        -No entiendo –dije.
         Me miró fijamente.
        Joder, estaba llorando mientras me temblaba todo.
      -Yo también siento lo mismo por ti, te elijo a ti Mía, porque no me vale cualquiera.
      Y después de esta declaración, recuerdo que se acercó a mí y su alma se metió en mi cuerpo a través de sus besos.


1 comentario: